Elizabeth Keckley

Nació en Virginia a principios del siglo xix y sufrió las desventuras propias de las esclavas negras: trato inhumano, vejaciones sexuales y explotación laboral. Ante las penurias económicas de la familia blanca a la que pertenecía, su trabajo como costurera fue capaz de sacar a flote a sus amos y permitirle ahorrar lo suficiente para comprar su libertad y la de su propio hijo. Tras mudarse a Washington, Keckley se ganó en breve tiempo una numerosa clientela entre la elite económica y política de la ciudad, entre la que se encontraban la esposa del que llegaría a ser presidente confederado, Varina Davis y la señora de Abraham Lincoln. Según su propio relato, la modista negra se convirtió en asesora de imagen, enfer-mera, consejera espiritual, amiga y cómplice de la ya entonces primera dama de la nación. La adquisición de estos distintos roles, la dependencia creciente de Mary T. Lincoln en la empleada, la identificación de la empleada con la señora y la traición final a la señora son algunos de los temas que Keckley hilvanará en sus memorias, que tienen el interior de la Casa Blanca por escenario principal.