La literatura ha estado
a lo largo de su historia en manos de los hombres, salvo algún
género menor en el que se le ha dejado intervenir a la
mujer. La máxima ha sido un terreno exclusivo del hombre.
Son célebres las máximas de Leonardo da Vinci,
La Bruyère o Nietzsche. Sin embargo, ellas sí
han sido autoras de formas breves. Su escritura maximalista
ha sido una referencia ideológica y un reflejo cultural
de y para las mujeres de cada época. Pero, ¿se
puede afirmar que exista una escritura aforística, maximalista,
propiamente femenina? Esta escritura breve y sentenciosa va
a ser para ellas, para nosotras, una especie de antídoto
contra el aburrimiento, la sumisión, el silencio, la
marginación. La mujer ha podido conseguir así
un espacio ficticio y un tiempo imaginario de libertad, de complicidad
intelectual, de asueto formador. En estas páginas el
lector, la lectora, encontrarán opiniones aptas para
todos los gustos, para todos los géneros, sobre infinidad
de temas. La mujer, a través de la escritura maximalista,
es ejemplo de tolerancia, modelo de coexistencia, muestra de
simpatía genérica. Este libro, es un espacio de
convivencia en la armonía, algo que tanta falta nos hace
en este siglo XXI.