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Poeta y novelista romántico,
Eduard Mörike (1804-1875) es uno de los más grandes
líricos alemanes. La perfección de sus composiciones
poéticas, de marcado simbolismo, le valió el sobrenombre
de “Goethe suabo”. Estudió teología
protestante en Urach y Tubinga, donde, junto a un amigo, inventó
el país de ensueño “Orplid”, “una
esfera propia de poesía”. Fue pastor en Cleversulzbach,
un pueblecito que inmortalizó en el poema La vieja veleta,
y profesor en una cátedra de literatura alemana de un instituto
de Stuttgart. Formó parte del Biedermeier, corriente figurativa
que se desarrolló durante la Restauración. Son célebres
su novela El pintor Nolten (1832) y las Poesías
(1838), donde la musicalidad de los versos contrasta con el trágico
final del artista: rotos su matrimonio y la creatividad, Mörike
enloqueció y murió en la miseria.
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Mozart
de viaje a Praga
Mozart de viaje a
Praga (1856), la última y más importante novela
de Eduard Mörike, es la narración de un día
otoñal en la vida del compositor: junto a su esposa Constanze,
en la frontera bohemia, se encamina a Praga para dirigir el estreno
de Don Giovanni. En un carruaje de tres caballos, atraviesan bosques,
valles y recuerdos hasta llegar a un pequeño castillo de
estilo italiano, propiedad del conde de Schinzberg. Allí,
Mozart juega al billar y, movido por la melomanía de los
aristócratas, toca el piano mientras su esposa canta arias.
Sin embargo, pese a las escenas festivas, la rendida admiración
que le profesan sus huéspedes y el éxito que le
aguarda en un teatro de Praga, el alma del genio “se consumía
de forma rápida e imparable en sus propias brasas…
sólo podía ser una aparición fugaz sobre
la tierra.”
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