En el 2006, por primera
vez en la historia de la humanidad, la ciudad acogió más
gente en su seno que el medio rural. Si aquélla ha sido
lugar privilegiado de formación social, económica,
cultural, a lo largo de la historia, cada vez lo es más.
Esto, por otro lado, ha sido acompañado por una “metropolización”
que canabaliza suelo y consume recursos naturales a velocidad
de vértigo. Quizá esta metamorfosis que sufren las
ciudades llegue a provocar otras en la identidad humana.
Ciudad significa también pluralidad. Por este motivo, el
autor utiliza el término “diálogo”:
sostén de la cultura, es la base del reconocimiento y respeto
al vecino—fundamentos sobre los que se asienta el derecho
a la diferencia y a la participación política de
los ciudadanos—. En estos ensayos, otra idea que acompaña
a la del diálogo es la de la frontera como lugar de encuentro
y mediación entre diferencias; lo que conlleva una transformación.
Es éste el motivo por el que el autor escribe que se debe
“umbralizar” las fronteras; convertirlas en umbrales,
en una oportunidad para el cambio y la renovación.
Este estudio de Bilbao hace sitio, de tanto en tanto, para hablar
de estos y otros temas; libro que quiere ser una interpretación
cultural, más que económica, sociológica
o histórica, de esta ciudad.