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Harriet A. Jacobs (1813-1897)
nació esclava en el Sur y aprendió a leer a los
seis años. Como ella misma cuenta, para conseguir su libertad
y la de sus hijos, se pasó siete años escondida
en una especie de minúsculo ático, cosiendo, leyendo
la Biblia y periódicos, y escribiendo. En 1849, en el Norte,
estuvo diez meses trabajando en un aula de lectura antiesclavista.
Mucho más tarde, en 1861, tras interminables esfuerzos
por encontrar a alguien que aceptase su manuscrito, logró
publicar ella misma, con el seudónimo de Linda Brent, Peripecias.
Sin embargo, tanto la obra como la autora cayeron pronto en el
más profundo de los olvidos. Por su parte, su hermano John
S. Jacobs, publicó, a escasas semanas de distancia de la
aparición del volumen de su hermana, “Un relato verdadero
de esclavitud”, que se completó en cuatro entregas
fechadas durante el mes de febrero de 1861. Ambas narraciones
están firmemente ancladas en las experiencias de sus autores,
pero cada una de ellas construye un “yo” diferente
que obedece a los distintos parámetros contemporáneos
que regían la representación de las identidades
masculina y femenina negras y que atestiguan, una vez más,
el poder de la escritura para recomponerse como héroes
del texto.
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Peripecias
en la vida de una joven esclava
Peripecias...
es texto fundacional de la tradición literaria de mujeres
afroamericanas. No hay «mamies» alienadas que dediquen
sus vidas al cuidado de niños blancos, ni negras pasivas
que se pudran en un agujero o a las que se mutile, lacere el cuerpo
o viole, o se les impida hablar con un hierro en la boca, ni tampoco
esclavas que alcancen la libertad con un gesto heroico. Aquí
se oye la voz de una esclava que habla a su hija de cómo
enfrentarse a la violencia, para que jamás se someta ni
pierda la noción de su identidad como negra y como mujer.
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